Después de un duro día de inicio, que se nos juntó con el viaje de ida, llegamos a la casa.
Eran las 7 de la tarde, hora mexicana, y en el tiempo de ducharnos y acomodarnos más o menos, empezó a hacerse de noche.
No sé quien tuvo la idea, ni cómo fue exactamente, pero acabamos los tres, sacando las sillas a la puerta de casa, sentados con una corona, viendo pasar a la gente.
Al principio anticipábamos una noche tranquila, pero entre los vecinos (un mexicano y una española que vino aquí por amor), los caseros, y el hombre del "santorini, cuida de tí"(el del agua), nos dieron entretenimiento para el ratito antes de acostarnos.
Ahora entiendo a lo viejos, sentarse en la puerta a ver a la gente pasar, es un planazo.
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